jueves, 1 de septiembre de 2011

Banderazo: Súper 8

No se me da con genuina naturaleza esto de los blogs. Primero una confesión, para no mentirle a nadie ni jurar falsas promesas. Sin embargo existen estos momentos (como en el que me encuentro ahora) cuando no puedes pensar en nada más que compartir. He ahí el propósito de este espacio: compartir. 
¿Qué se habrá de compartir? De todo un poco (cuando se necesite), pero en particular, y con énfasis recalcado, mis experiencias con el séptimo arte. Para ser menos sofisticados: mis opiniones y posturas con las películas.
Cosa que vale la pena indicar: el título del blog. "En la sala y en la casa" no es gestión azarosa. Mucho menos un arreglo re-ordenado (estilo cadáver exquisito) de palabras. El nombre (después hablaré cuánto me importan los nombres) va en función de los lugares de vivencia. Es importante. Mejor dicho: me es importante. De ahí que "en la sala y en la casa" refiera a películas tanto en "la sala" de cine como en "la casa". La experiencia no es la misma, cierto. Muy cierto. Pero tendré que bastarme con poder correrlas en líneas paralelas, a guisa de tener un espacio donde desahogar mis impresiones y referencias. 
Como lo dije en un principio, me es necesario compartir. Para darle un poco más de elaboración: es liberar la presión que me oprime cuando veo una película que ojalá y a alguien al menos lo entretenga de lectura.
Me extendí en justificaciones, pero me parece indispensable que exista un manifiesto de lo hecho.


Para empezar, y por ser lo más reciente:


Súper 8


(imagen extraída de: shouldyouseeit.com)
¿Qué decir del trabajo más reciente de Abrams? (Sí, apunto sólo al director, que aunque no es el único involucrado -ya todos habrán de levantar la voz en defensa del resto- ciertamente guarda la responsabilidad). Me encantó. ¿En una palabra? "fascinación".
Es una producción de Hollywood. Por ende responde a los estándares de su lugar de origen. Pero no por ello debiéramos recriminarle su valor como pieza.
En efecto, me encanta el cine y por ello disfruto la película sea de donde sea. Habrá quienes aboguen exclusivamente por cine de autor, alternativo, de arte, documental, histórico o demás géneros que divergen de las producciones para un público masivo. Lo respeto. Yo no soy exclusivo. Y me regocijo de serlo. De ahí que deba partir a alabar el trabajo de Súper 8.
Se trata de una película de ciencia ficción. Ningún otro detalle porque podría arruinar el goce individual. Un género que se ha diluido en otro tanto sinfín de sub-géneros que cada cual tendrá su opinión al respecto. Los últimos años me he encontrado con muchas piezas poco loables, gracias Abrams por mantener al género fresco y vivo.
Primero hay que darle los laureles a las actuaciones. Muy buenas (quizá incluso para nominaciones). Son niños los que dirigen la trama, y lo hacen de maravilla. Sea para arrebatarte una risa, crisparte los nervios, solidarizarte con el dolor e imprimirte sus traumas, en cualquiera de sus participaciones hacen un excelente trabajo. Retratan una sociedad familiar y cercana. ¿Quién no tiene al amigo que no se calla? ¿O al obsesivo? ¿Al pirómano o al cobarde?
El guión es otra excelente medalla. Construido a base de diálogos sencillos y con su debida carga intelectual. Se desglosan en el filme con precisión y justicia. Como en todo, hay sus cursilerías y sus . Pero todo se siente natural y finamente controlado. Trabajado con esmero y con cuidado. Algo que en estos tiempos pareciera importarle poco a las producciones masivas.
De efectos y sonido también lleva grandes méritos. Pero eso era de exigirse, hablamos de una película de acción de calibre mayor. Es lo mínimo indispensable.
Fotografía es otra excelencia. Tomas originales (no todas, claro está, pero sí vemos algunos encuadres que sobresalen por su mérito visual) y un manejo de la luz acorde a los requerimientos del largometraje: oscuros, altos contraste, colores vívidos y matices opacos, etcétera, todos dispuestos según la ocasión. Amén de los leitmotif que se distinguen en la escena. Los dejo a su observación.
Para no seguir punto a punto como un análisis formal, me recojo con una serie de calurosos aplausos. Y con una voz que invita a verla. Vale la pena. Tiene un inicio excepcional y un cierre un tanto cursi, pero esperanzador. Hacía mucho que no salía tan contento de la sala. En muchos niveles es una película muy bien cuidada y trabajada. Una de esas que demuestra que el dinero, bien invertido, produce piezas honorables. Véanla.

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